Cuencos de Barro

Hoy tengo ganas de estar en una choza, con el piso de tierra, circular, en medio de la selva, respirando un aire húmedo, rodeada de mujeres y de cuencos de barro.

 Rodeada de esa energía potente y telúrica de lo femenino, misterio que los hombres no comprenden y rodean inquietos. Misterioso fondo profundo, húmedo y oscuro, cuenco de barro, mujer. Qué inquietante debe ser saber su raíz tan distinta y tan remota.

 Hoy tengo ganas de sentir la presencia amorosa y fuerte de mis maestras, que también fueron amigas, madres y abuelas. Ganas de cocinar con fuego. De sentarme en una rueda, de juntar las manos, de sentir adentro al otro, en el pecho, como un aire atrapado que se expande y que quiere salir. Ganas de cerrar los ojos y sentir con el tacto, con la intuición, con esa paz fluida del pensar con las tripas y dialogar con el corazón. Hoy tengo ganas de cantar con mis entrañas, de escuchar tamboras y marimbas, de cantar como si la música viniera del coño y me atravesara. Cantar para ser río, para llegar al mar.

 Hoy tengo ganas de que llueva duro y salir a mojarme, a sentir el agua en mi cuerpo mientras grito “qué aguacero tan chimba!!!”. Ganas de saltar en los charcos y levantar la cara al cielo recibiendo feliz al agua que me golpea y me moja.

 Hoy tengo ganas de que mis tripas estallen y se peguen a todo. Y también a mi.

No hay comentarios:

Archivo del blog